Se levantaban poco después del amanecer. Se abrigaban, cogían su carro, y bajaban del cerro entre la espesa niebla. Llenaban sus botellas, oxidadas por el hierro del agua, de su agua, a lo largo de los años. Y se sentían rejuvenecer. Allí hablaban con aquellos a quienes conocían de toda una vida; y en sus rostros se reflejaba la añoranza del pasado, a la vez que la felicidad de sus vidas ahora. Orgullosos de sus hijos y nietos y narrando sus hazañas. Pasan por el mercado de abastos; compran lo necesario para el día, y... suben al cerro...
jueves, 8 de enero de 2009
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